La invención del skate o monopatín es cosa disputada. Para colmo, el Sancheski –que no todos han conocido- se entremezcla en esta historia y ya no sabemos cuál llegó primero.
Nos estamos refiriendo a un artilugio que está a mitad de camino entre aparato deportivo, vehículo y juguete, consistente en una tabla pequeña sobre cuatro ruedas en dos ejes con formato más o menos complejo. De mero aparato dio paso a toda una moda de complementos (rodilleras, cascos, ropa ancha, música…) y hasta a lo que algunos podrían considerar tribu urbana o cuando menos un estilo: el de los skaters, caracterizados por cierto amor a la libertad y al desenfado y, en casos más radicales, por el hermetismo o al menos indiferencia hacia el resto. Desde 2003 celebran incluso un Go Skeatboarding Day, cada 21 de Junio.
En un principio, no obstante, el monopatín parece haber nacido como un
refuerzo de la sociabilidad pues, según se cuenta, apareció como sucedáneo de las tablas de surf, allá por los años 60 en la costa californiana, cuando el clima impedía surfear en el mar. Se cita a dos pioneros, Mickey Muñoz y Phil Edwards, radicados en Malibú, quienes en 1963 habrían ideado esta solución de una tabla sobre ruedas para el asfalto. Fue nombrado como Rollsurf, y juntaba lo divertido del surf con la facilidad de practicar en cualquier lugar y circunstancia.
Otros adelantan la creación del skateboarding incluso a los años 40, y atribuyen a Robert Stevenson el haber sustituido la tabla recta inicial por otra redondeada y haber elevado un poco las puntas, aumentando los registros del aparato. Otras innovaciones que complican la cuestión del momento de origen son las de sustitución de ruedas de arcilla por las de polietileno, el uso de hasta siete láminas en la tabla, la sustitución en ésta de la madera por el plástico o la fibra de vidrio, el cambio en el modelo de ejes permitiendo mayores inclinaciones… A todo ello se une la diversificación que apareció en el propio deporte, cuando se empezó a diferenciar el skate callejero del skate de pista, con características técnicas e incluso ideológicas diferentes, más reivindicativas en el primero y más deportivas en el segundo.
Todas estas cuestiones pueden parecer irrelevantes, pero hay que tener en cuenta que todo invento que lleve aparejados los adjetivos de “veloz” y “monoplaza” ha supuesto siempre una pequeña revolución en las relaciones sociales.
Y a todo ello se añade el caso de España. Se dice que José Muñoz (quizá el mismo que el antes citado Mickey Muñoz), estuvo por California en los años 70 y que, tras volver a Madrid en 1973, abrió una tienda en la calle Columela en 1975, justo al lado del Parque del Retiro. De ahí habría nacido una práctica espontánea en dicho parque que fue cobrando relevancia hasta crear escuela y dando lugar a verdaderos campeones como Ricardo Damborenea o Ianire Elorriaga.
Nos queda el Sancheski. Este, a pesar de tener un nombre tan exótico, no es
sino una derivación de Sánchez y ski, apellido de una familia de fabricantes de skies para nieve (por tanto, nada que ver con el surf). Cuentan que esta empresa, existente desde los años 30, no pudo competir con los fabricantes franceses y autríacos que recibían ayudas de sus respectivos gobiernos y tuvo que arriesgar con nuevos productos. Así, a fines de los 60 los Sánchez empezaron a fabricar su monopatín, llamado Sancheski por todos los niños como si fuera el nombre genérico y no una marca. No podemos asegurar si el prototipo copió a los de California o de Madrid, o si nació en paralelo a los otros, pero sí sabemos que fue quien se llevó la fama al menos durante unos años.
En las cartas a los Reyes Magos de mediados de los 70 se pedía un Sancheski, no un monopatín ni un skate. Hoy se seguirá pidiendo, aunque se haya pasado a la tabla de plástico y a los ejes de aluminio. No importa, si eres un valiente y te atreves a probarlo.